Batallón Azov: los símbolos de la unidad más letal de Ucrania que Putin califica de nazis

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Mariúpol resiste. Lo hace desde el 24 de febrero, tres días después de que las tropas rusas atravesaran las fronteras de Ucrania por norte, sur y suroeste. Desde entonces, los defensores de esta ciudad portuaria aguantan los constantes bombardeos de las tropas de Vladimir Putin. La situación es desesperada. Sin embargo, en su corazón existen un millar de combatientes que se niegan a rendirse a pesar de que el presidente, Volodímir Zelenski, ha repetido hasta la extenuación que es imposible enviar refuerzos a la zona. Los soldados en cuestión pertenecen al temido Batallón Azov, un grupo de extrema derecha con tintes neonazis que, desde 2014, combate en las fronteras del Donbás.

El escudo que lucen sus miembros en la manga deja entrever cierto tufo a Tercer Reich. Símbolos como el Wolfsangel que evocan extintas divisiones panzer de las temibles Waffen-SS y runas que recuerdan el popular Sonnenrad –Sol negro– grabado en las sedes de las unidades más sanguinarias de Adolf Hitler

. Ellos, no obstante, se defienden e insisten en que han cumplido con la ‘desnazificación’ a la que se comprometieron hace algunos años. Sea como fuere, no son pocos los analistas –algunos como Yago Rodríguez, fundador de ‘The political room’– que sostienen que su posible aniquilamiento en Mariúpol, donde albergan su base principal, borraría de un plumazo a un grupo que se ha convertido en un problema para el gobierno de Zelenski desde hace ocho años.

Huelga decir que, a pesar de que el Batallón Azov se ha convertido en el blanco de todas las informaciones sobre Mariúpol por su controvertido origen, representa una ínfima parte de un ejército ucraniano que no podía estar más alejado del nazismo contra el que dice combatir Vladimir Putin. Apenas unos pocos millares de combatientes de un contingente que suma, en total, más de 200.000 efectivos.

Historia del Azov

Los orígenes del Batallón Azov se encuentran en la ‘Secta 82‘, los ultras del club FC Metalist. Fundado por militantes de extrema derecha como Andriy Belitsky (surgido a su vez de la organización para militar Patriotas de Ucrania) no fue hasta mayo de 2014 cuando saltó a la fama. Ese año, después de que Rusia enviara fuerzas de forma sibilina a la región del Donbás y comenzara el conflicto por Crimea, el grupo recibió armas para comenzar una sangrienta guerra de guerrillas contra las milicias de las repúblicas de Donetsk y Lugansk. No tardó en ser integrado en la Guardia Nacional, aunque después de eliminar su simbología nazi por orden del gobierno.

El batallón, que toma su nombre del mar de Azov que baña el puerto de Mariúpol, forjó su leyenda en la reconquista de esta ciudad portuaria frente a los separatistas respaldados por Rusia en junio de 2014. Ocho años después, se vuelven a ver cara a cara en la urbe, bombardeada sin descanso y aislada del mundo, donde Vladimir Putin busca la primera gran victoria de su ‘operación militar especial’ tras unos comienzos difíciles. El Kremlin aprovecha también la presencia del batallón para justificar su objetivo de ‘desnazificación’ de Ucrania con sus canales de propaganda acusando a los dirigentes ucranianos –incluido el presidente Volodimir Zelenski, que es judío– de ‘neonazis’ y ‘drogados’.

Antes de la guerra, el Batallón Azov contaba con unos tres mil miembros. Todos ellos, según reza en su página web, entrenados y preparados para el combate: «Nos adiestramos y mejoramos nuestras habilidades de forma constante. Somos respetados por otros soldados ucranianos y temidos por nuestros enemigos». Hoy cuesta saber cuántos quedan después de la defensa de Mariúpol. De lo que no cabe duda es de que sus miembros se han convertido en el centro de las miradas internacionales. Muchos medios de comunicación los han definido como «la principal fuerza neonazi del mundo». Otros grupos como el Centro para la Seguridad Internacional y la Cooperación de la Universidad de Stanford afirman que «promueven el neonazismo». La controversia, como la guerra, sigue abierta.

Wolfsangel

Wolfsangel, o ‘gancho de lobo’, que diríamos por estos lares. El símbolo que luce en el frontal del escudo del Batallón Azov evocaría un objeto que nació hace siglos en las regiones que hoy ocupa Alemania. Una de las primeras referencias escritas que se tienen de él se dio en 1714, cuando aparece citado en la obra ‘Geschichte der Heraldik’ bajo una sencilla definición: «gancho con el que se atrapan lobos en forma de luna creciente con un anillo en su interior». La efectividad del aparato hace ya mil años y la tradicional asociación de estos animales con la brutalidad de la naturaleza no tardaron en catapultarlo a la fama.

A partir de ahí, el Wolfsangel se convirtió también en un símbolo de diferentes movimientos sociales que lo asociaban al poder de estos animales. Tal y como afirma Óscar Herradón en ‘La Orden Negra: el ejército pagano del Tercer Reich’, ya en el siglo XV fue adoptado «por los campesinos que se alzaron contra los mercenarios de los príncipes germanos» y ganó fuerza como icono de «libertad e independencia». De hecho, fue conocido también como ‘Zeichen der Willkür’ o insignia contra la tiranía desenfrenada durante la Guerra de los Treinta Años. Lógico, pues las clases más bajas relacionaban a este animal malvado y voraz con las mismas clases opresoras a las que anhelaban derrocar.

Miembros del Batallón Azov en Mariúpoi
Miembros del Batallón Azov en Mariúpoi

Aunque las teorías sobre el uso de este símbolo se cuentan por decenas. En ‘The Allgemeine-SS’, Robin Lumsden, especialista en la historia de esta unidad adscrita al Partido Nazi, es partidario de que era una insignia pagana que «originalmente se asociaba el poder mágico de alejar a los licántropos». Más allá de las connotaciones esotéricas –pilares después de las SS gracias al carácter supersticioso de Heinrich Himmler–, la potencia del Wolfsangel como símbolo contra la brutalidad hizo que pasara a convertirse en parte de la heráldica del país. El ejemplo más claro es que la cuchilla de esta trampa fue adoptada en el escudo de la ciudad de Wolfstein, ubicada al suroeste de Alemania.

La pasión del nazismo y de las unidades lideradas por Himmler por las runas hizo que el Wolsangel fuese adoptado como uno de los símbolos fundacionales del Tercer Reich. Una de las unidades que lo lució por toda Europa fue la 2da División Panzer de las Waffen-SS. Conocida como ‘Das Reich‘, esta unidad participó en los combate de Holanda, Francia, Yugoslavia y, a la postre, la Unión Soviética. «La ‘Reich’ penetró en el corazón de Rusia, cruzó el Berésina y rodeó los pantanos de Pripet para llegar a Moguilov y Smolensk; luego tomó y defendió Yelnia de los esforzados contraataques soviéticos. El 8 de agosto fue relevada temporalmente para descansar y rehacerse cerca de Smolensk», explica Gordon Williamson en ‘Divisiones Panzer de las SS’.

Wolfsangel en el emblema de la 2da División Panzer
Wolfsangel en el emblema de la 2da División Panzer

La ‘Das Reich’ fue la unidad que se hallaba a la vanguardia del avance del ejército que conquistó Kiev y participó en la captura de 665.000 prisioneros en la ciudad. Aunque es probable que lo que más llame la atención al Batallón Azov de esta unidad es que logró llegar a 16 kilómetros de Moscú a costa de perder un 60% de bajas –cifra que implicaba una destrucción virtual de la división sobre el papel– y que sus soldados tuvieron que hacer frente a toda la furia de la contraofensiva del Ejército Rojo. «En enero de 1942, la presión enemiga sobre la exhausta formación no cesaba lo más mínimo y, a finales de febrero, fue reclasificada como grupo de combate», añade el experto.

La mencionada participación en la Operación Barbarroja fue el cenit de una unidad que, a pesar de acabar maltrecha en 1942, tuvo tantos nombres como frentes en los que participó hasta 1945. La ‘Das Reich’ vivió sus últimos días en Viena. Allí defendió los puentes sobre el Danubio hasta que la presión del Ejército Rojo se convirtió en una pesadilla y sus oficiales ordenaron la retirada. Poco después sus unidades se dispersaron. Algunos de sus miembros se rindieron a los americanos y otros, los menos afortunados, a los soviéticos. Para entonces, un total de 72 de sus soldados habían recibido la Cruz de Caballero; el mayor número de condecorados de todas las formaciones de las SS.

Aunque la ‘Das Reich’ no fue la única unidad que portó el Wolfsangel. Varias agrupaciones de las Waffen-SS de los Países Bajos –entre ellas, la división Landstorm Nederland, integrada por voluntarios holandeses– adoptó una variante de este símbolo como parte de sus insignias. La nueva versión era, en palabras de Robin Lumsden, «más achaparrada». Sucinta forma de explicar que contaba con unas dimensiones mucho más pequeñas y unas líneas más finas que su hermana mayor. Este es el pasado de un símbolo que lucen hoy los miembros del Batallón Azov, aunque ellos mantienen que significa ‘Nación unida’.

El Sol negro

Tras la representación del oleaje y bajo la sombra del Wolfsangel, el Batallón Azov ha ubicado el Sonnenrad o ‘Sol negro’. Aunque en color blanco, para esquivar la mirada inquisitoria de unas autoridades ucranianas que les obligaron a deshacerse de sus referencias al Tercer Reich. En origen, tal y como explica David Docal Gil en ‘Símbolos del odio’, era una representación nórdica del astro rey. Así, hasta que fue recogido por Adolf Hitler poco antes de su ascenso al poder. Los nazis daban forma a esta figura mediante doce runas Sigel –la misma que encarnaba los rayos de las SS– en forma de radios desde un punto central.

El Sonnenrad fue tomado como emblema por la sociedad Thule. Este grupo, que estuvo operativo desde la primera década del siglo XX hasta su absorción por las SS nazis, destacó porque contaba con un líder que se autodenominaba el precursor del anticristo. Fundado por aristócratas y burgueses adinerados, era en realidad una suerte de secta ocultista y mística defensora de la supremacía de la raza aria que, además, destacaba por su triste forma de hacer justicia en las calles de Baviera, su sede principal. Los datos confirman que, solo entre 1918 y 1922, se contabilizaron en este estado más de trescientos crímenes y asesinatos políticos. A él pertenecieron Hitler y otros tantos jerarcas teutones.

Ya durante el Tercer Reich, Himmler se valió del Sonnenrad (también Schwarze Sonne) en el castillo de Wewelsburg, corazón de toda la parafernalia ocultista nazi. Poco después, fue utilizado como símbolo de las divisiones de las Waffen-SS Wiking y Nordland, cuyos miembros eran principalmente escandinavos, y por el Schalburg Corps. «Esta última unidad, una rama nórdica del Partido Nazi, fue llamada así en honor del líder de los Frikorps, Christian Frederik von Schalburg, quien fue abatido en batalla el 2 de junio de 1942», explica Nigel Cawthorne en The Story of the SS: Hitler’s Infamous Legions of Death.

La 5ª División Panzer SS Wiking es la que atesoró más combates a sus espaldas, y Williamson los recoge todos en su obra. La unidad fue formada en septiembre de 1940 por orden del mismo Himmler. Sobre el papel, para reunir a voluntarios germánicos procedentes de los Países Bajos, Dinamarca, Noruega y Valonia. Parte de sus mandos fueron transferidos de la ‘Das Reich’ para ofrecer cierta veteranía. Su bautismo de fuego se sucedió en la ciudad ucraniana de Ternópil. A la postre visitó el Cáucaso, Cherkasy, Varsovia y Hungría. Acabó sus días hostigada por el Ejército Rojo tras haberse quedado bloqueada, de forma catastrófica, por el barro del lago Balatón. La enésima vez que el fango aplastó a los germanos durante la Segunda Guerra Mundial.